En los últimos años, la producción de normas y sus correspondientes modificaciones, nos avocan a navegar en un laberinto normativo cada vez más complejo.

1. Un exceso de regulación que asfixia
España es uno de los países europeos con mayor densidad normativa. Esto lo llamó el gran García de Enterría en 1999 como “un mundo de leyes desbocadas”.
Casi tres décadas después asistimos a un crecimiento del BOE con nuevas y efímeras leyes, vastos reglamentos y no pocas órdenes ministeriales.
Esta hiperactividad legislativa genera varios efectos:
- Dificulta conocer y cumplir las obligaciones. Incluso profesionales especializados encuentran complicado mantenerse al día.
- Costes administrativos crecientes: más trámites, más requisitos, más documentación.
- Falta de estabilidad: normas que cambian antes de que los afectados hayan podido adaptarse.
La Administración conoce todo lo anterior. Por ello, hay intentos, como el de la AEAT que se dispone a centralizar toda la información doctrinal en una Base Única de Conocimiento.
En definitiva, tanta regla convierte el sistema en un entorno poco predecible, que penaliza la actividad económica y la planificación a medio plazo.
2. El abuso del Real Decreto‑ley
El Real Decreto‑ley es una herramienta constitucional pensada para situaciones de “extraordinaria y urgente necesidad” (art. 86 CE). Sin embargo, su uso se ha generalizado hasta convertirse en un mecanismo habitual para legislar con rapidez. Y lo que es peor, sin la seguridad de que el trámite parlamentario de convalidación asegure su vigencia.
Con todo ello apreciamos:
- Menor calidad normativa y muchas ilusiones desvanecidas.
- Inseguridad jurídica, porque muchas de estas normas se corrigen, matizan o derogan en plazos muy breves.
Cuando una herramienta excepcional se convierte en rutina, el sistema pierde equilibrio y previsibilidad. Así, los profesionales tenemos que trabajar con la provisionalidad de normas que afectan a impuestos, nóminas, seguros sociales, alquileres, etc.
3. La inseguridad jurídica como consecuencia directa
La combinación de exceso de regulación y uso intensivo del Real Decreto‑ley desemboca en un escenario donde:
- Las normas cambian con rapidez, muchas veces, sin coherencia.
- Los criterios interpretativos de la Administración no siempre son uniformes.
- Las empresas y los ciudadanos no pueden anticipar con claridad las consecuencias legales de sus decisiones.
La inseguridad jurídica no es una palabra sin sentido. Es un concepto abstracto pero afecta a la vida de las personas. A sus inversiones, a sus contratos, a la fiscalidad, a la gestión laboral y, en definitiva, a la vida diaria de cualquiera que tenga relaciones económicas o profesionales.
4. Por qué hoy es imprescindible contar con un gestor de confianza
La IA o las respuestas de Google no tienen el sentido común de una persona. En cambio, un Gestor sabe, interpreta y filtra la avalancha normativa. Es una persona que puede aportarte la tranquilidad de cómo cumplir con las obligaciones correctamente, asegurando tus intereses, anticipando los cambios y reduciendo los riesgos.
En la red hay mucho ruido. Muchos videos en Tiktok, Youtube, sin citar fuentes y sin contrastar la información, alarman a la población o dan consejos devastadores.
En este contexto, disponer de un gestor profesional y fiable ya no es un lujo, sino una necesidad estratégica para cualquier persona responsable. Seguiremos informando en el blog.
Antonio Pastor Bobadilla


